Sentía tu respiración. Tu voz, retumbaba en mí, sabía si estabas feliz o no por tu palpitar, me gustaba escuchar tu risa, pues hacía temblar todo mi ser, tú, ni cuenta te habías dado, de mi existir, tú, no me conocías, yo día a día, sabía más de ti, me protegías sin saberlo, me acariciabas sin tocarme, me dabas el calor de tu cuerpo, me dabas vida sin darte cuenta, yo, día a día sabía más de ti, que tú de mí, de pronto todo cambió, algo malo indicaba tu palpitación acelerada.
Te escuché llorar, y no pude hacer nada, no supe por qué, asustada te encontrabas, entonces entendí, que en mi oscuridad descubierto estaba, que ya sabías de mí, que yo existía dentro de ti, en mi cálido refugio estaba, sin saber que pasaba, que pensabas de ti, que pensabas de mí,
sentí tu protección abandonándome y tuve miedo, algo entró, quizo tocarme, estaba frío.
Me aferró, no pude soltarme, un dolor como nunca se apoderó de mí,
se fue, y una parte de mi ser también, escapar no pude, gritar quise,
el silencio aturdió lo que quedaba de mí, pensé en ti, en mí, no supe entender, el porqué, otra vez, y más dolor, y ya no supe más de ti,
pero tú, tu nunca te podrás olvidar de mí, no tendrás de mí las caricias,
ni la mirada inocente, contemplándote, ni escucharás mi voz, diciéndote,
"te quiero mucho, mamá".
Colaboración de Cito
Argentina
